Orígenes, significados y funciones de lo religioso en las prácticas colectivas de las Madres de Plaza de Mayo

Guillermo Clarke

Este trabajo se propone indagar acerca de la presencia de elementos religiosos en la constitución del discurso y prácticas colectivas de Madres de Plaza de Mayo.

La centralidad de dicha presencia se manifiesta en las formas de demandas, interpelaciones, liturgia, rituales, reuniones en parroquias, ayunos y festividades religiosas; convertidas en actos militantes. Esta recurrencia a las apelaciones inspiradas en los sentimientos religiosos, particularmente del cristianismo católico fue distintivo de las Madres de Plaza de Mayo, dado que ninguno de los demás organismos de Derechos Humanos que actuaban en la época utilizaban un visible tono religioso semejante al de Madres, ni siquiera el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, compuesto completamente por hombres de fe, apeló a este tono discursivo.

Las fuentes utilizadas para este trabajo son mayoritariamente contemporáneas a los hechos en cuestión, el seguimiento policial, el periodismo, la documentación producida por las Madres y otras organizaciones, como así también memorias escritas por las protagonistas. Otras como las entrevistas, y la bibliografía sobre el tema son fuentes elaboradas con posterioridad. Mi preferencia en concentrarme en las primeras es deliberada y atiende a la necesidad de comprender el significado que estos hechos tuvieron en su propio tiempo. Sin duda la resignificación operada a la postre por vertiginosos cambios, como el fin de la dictadura, la teoría de los dos demonios, la fractura del la asociación Madres de Plaza de Mayo, las leyes de olvido, y las políticas de reparación y memoria están fuera del alcance de esta etapa de la investigación.

Las primeras reuniones de las Madres junto a otros grupos de familiares de detenidos -desaparecidos tuvieron como base operativa iglesias y parroquias en Buenos Aires, La Plata, Gran Buenos Aires y en otros puntos del país. No en todos los casos se trataba de parroquias “seguras” o de sacerdotes tolerantes con la causa. En ocasiones como fue el caso de la Vicaría Castrense de la Armada y su iglesia Nuestra Señora de Stella Maris, sirvió a Monseñor Gracelli para atender personalmente los casos de las madres que buscaban a sus hijos, y elaborar así una rica fuente de información que lejos de ayudar a la causa de las madres nutría a los servicios de inteligencia del estado terrorista.

La masacre ocurrida en la iglesia de la Santa Cruz el 8 diciembre -día de la Inmaculada- de 1977, en el marco de una misa y que derivara en la desaparición de madres y religiosas gracias a la infiltración de Astíz en las reuniones parroquiales, aparece para invalidar la seguridad como explicación suficiente de por qué las reuniones se realizaban principalmente en iglesias.

Sin duda este era un motivo pero también había otros: las iglesias son lugares públicos, abiertos, la presencia femenina era predominante y la policromía social es mayor que en otros sitios. Un grupo de mujeres que promediaban los cincuenta años, pero que visiblemente no tenían todas las mismas edades, que vestían de modos perceptiblemente diferente de acuerdo a variables económicas y culturales sólo podían pasar desapercibidas en un grupo parroquial.

¿Era su intención pasar desapercibidas? Cuando se pregunta por la función de la parroquia como lugar de reunión aparece en actuales testimonios, esta idea de camuflarse entre señoras comunes. Indudablemente esta acción de camuflaje tensionaba con la acción permanente en sentido contrario: hacerse ver; de la oscuridad y la voz baja de la parroquia al centro del universo político de la nación, a pleno sol de las tres de la tarde: a la Plaza de Mayo.

La iglesia como espacio para llevar a cabo actividades secretas, puede justificar los primeros momentos de la militancia de Madres, pero una vez aparecidas en el escenario público y brutalmente probada la ineficacia de la reunión parroquial como reaseguro, hay que pensar en otros motivos que llevan a las Madres a las parroquias, motivos menos obvios que los originales que los vinculan a la seguridad y el camuflaje. Motivos estratégicos pero también y sobre todo cuestiones que habría que indagar en lo subjetivo, social e histórico, al interior del propio grupo y de la sociedad toda.

A pesar de que las puertas de la Catedral de Buenos Aires estaban tan cerradas para las madres como las del Ministerio del Interior o las de la Casa Rosada y las respuestas obtenidas allí eran violentas, las Madres eligieron en ocasiones la Catedral tanto para eventos de exposición y denuncia pública como para actividades secretas, en algunos casos, como el de la Madre que un jueves durante una marcha de 1977 conoció en el interior de la Catedral a su nieta recién nacida en la clandestinidad, demuestra que este era un espacio percibido de algún modo como seguro . Pero en otras iglesias más periféricas la actividad de las Madres fue mucho más intensa y constante, en las menos con cierta tolerancia por parte de algún sacerdote en otras a pesar del desagrado manifiesto de los responsables de la parroquia en cuestión.

En la ciudad de La Plata a partir de septiembre de 1979 y a lo largo de los años 1980 y 1981 los días miércoles las madres hacían su ronda alrededor del monumento de la Plaza San Martín y luego marchaban por la diagonal 80 hacia la Iglesia San Ponciano a rezar el rosario, esto último inquietaba más a los servicios de inteligencia que la ronda, notaban que alrededor de cuarenta mujeres y en creciente número se reunían a rezar en San Ponciano pero luego en el atrio se repartían papeles y acordaban planes de acción . En este caso no existía ningún tipo de contacto dentro de la parroquia con algún sacerdote que facilitara estas actividades, rápidamente las Madres notaron que cuando su presencia era percibida comenzaba el aseo de la iglesia con baldazos de agua y corrimiento de bancos.

En los primeros tiempos el recorrido era a la inversa, desde la Iglesia hacia la Plaza; Adelina de Alaye recuerda haber conocido a sus compañeras en mayo de 1977, una señora que la ayudó a redactar la denuncia por la desaparición de su hijo en la sede de la APDH, le contó que había otras madres en su misma situación que se reunirían el siguiente jueves en la iglesia de Santo Domingo, porque habían sido reprimidas en Plaza de Mayo donde se venían reuniendo desde hacía unas semanas, también recuerda que esta señora que la “invitó” a la reunión a la iglesia era judía y que quien le sugirió que acudiera a la APDH fue un cura del arzobispado de Buenos Aires llamado Berg.

La presencia de un fuerte operativo de las fuerzas de seguridad abortó la segunda reunión a la que acudió Adelina de Alaye en la Iglesia de Santo Domingo, desde allí se trasladaron a la Plaza de Retiro donde mantuvieron la reunión y tomaron la decisión de volver a la Plaza de Mayo.

Antes de la Masacre de la Santa Cruz la tensión seguridad-ocultamiento-exposición aparecía ya en el debate interno y las estrategias a seguir.

La resolución de estas tensiones y respuestas frente al complicado escenario de la represión irá definiendo el perfil identitario de este grupo y diferenciándolo de otros organismos similares. El ataque en la Santa Cruz y el secuestro seguido de desaparición de Azucena Villaflor de Vincenti, primer líder del grupo Madres aceleró este proceso constitutivo. Sin duda la finalidad de este secuestro planificado por Astíz era desactivar al grupo en formación, demostrar que a pesar de ser madres, de no tener actividad partidaria, de reunirse en parroquias y en definitiva no ser como sus hijos, podían correr el mismo destino que ellos, estaban en riesgo y ponían en riesgo al resto de su familia. Pero la reacción ante la represión sobre el grupo, mas allá de los conflictos que generó en cada una de ellas o la presión familiar derivada, no obtuvo el resultado esperado por el gobierno militar.

La exposición pública en grandes escenarios, plazas, solicitadas con nombre y apellido y finalmente el pañuelo identificatorio, fue el camino elegido por las Madres “activadas”. En otras tantas miles de madres de desaparecidos “no activadas” tal vez el temor haya sido una de las causas de la pasividad y no adhesión al activo grupo de Madres.

La exposición como forma de denuncia pero también de autoprotección es un elemento que también las constituye, una vez más estas elecciones aparecen más como estrategias instintivas que por diagnósticos demasiado elaborados de la realidad. Respecto a la emblemática ocupación del espacio de la Plaza de Mayo, María Adela Gard de Antokoletz, refiere que su compañera Azucena Villaflor insistía en 1977 con la necesidad de estar en la Plaza de Mayo para que Videla se enterase de lo que estaba ocurriendo.

Este dato permite algunas consideraciones, la primera que en la constitución y la práctica del grupo, lo inesperado siempre jugó un papel importante. La decisión de ocupar la Plaza no surgió de un análisis del todo acertado de la realidad (¿quién podía tenerlo?); pero el acierto de sus efectos fue grandioso.

En la idea de que “Videla tenía que saber lo que pasaba”, es probable que Azucena Villaflor compartiese una idea muy extendida en el momento consistente en que Videla representaba el ala más blanda de la dictadura; pero además, es factible que Azucena observara la compleja realidad de su presente desde la mirada posible para su generación, educada en la valoración de las instituciones tradicionales más allá de la temporalidad de los hombres. Esta concepción aparece aún hoy en el relato de Madres, que han militado más de treinta años, recuerdan la perplejidad frente a la evidencia de que el Estado actuara fuera de la ley, y la idea de que la Iglesia fuera su cómplice tardó más aún en madurar.

En algunos casos la individualidad de una fuerte fe y práctica religiosa, como una vinculación directa con las FFAA, hicieron más desgarrador o negador, según el caso, la toma de conciencia de que las instituciones a las que todas recurrieron como primer paso no les darían respuesta.

El asombro frente al desaire y la decepción se repetían y renovaban día a día, haciendo un lento trabajo de reconfiguración de la realidad y resignificación de sus experiencias pero tardando años o no logrando jamás romper con sus creencias originarias.

En diciembre de 1978 al cumplirse el primer aniversario de los secuestros en la Iglesia Santa Cruz, las Madres gestionaron una misa en la que se rezara por la suerte de los secuestrados un año antes (entre ellos dos monjas). La misa se realizó en la iglesia de San Francisco y asistieron alrededor de mil quinientas personas, todos esperaban escuchar desde ese lugar, el púlpito, palabras que las reconfortaran y ampararan. La Iglesia que había sufrido que le arrancaran desde dentro de su casa a sus hijos expresaría lo que ellas sentían. Pero el sermón del sacerdote Jacinto Nieva consistió en el discurso oficial y publicitario del gobierno, que culpabilizaba a las familias por no haberse ocupado antes de sus hijos. El murmullo, el llanto y nuevamente la sorpresa inundaron el templo, una madre se paró en medio del sermón, lo interrumpió –“nuestros hijos no son drogadictos. No estamos aquí para oír que se nos insulte. Lo que pasa en esta iglesia es un escándalo y una vergüenza. Vamos salgamos todas, no tenemos nada que hacer aquí. Este hombre no es un siervo de Dios es un sirviente de los militares.”

Hurí Questa de Irastorza se refiere consternada a ese suceso. Hurí es aun una mujer de parroquia, profundamente católica y esa misa fue su primer contacto con otras Madres. Treinta años después de ocurrido ese incidente, se toma la cara con las manos cuando lo recuerda, agrega que una de las madres escupió al cura – ¡Escupir a un cura! exclama y por sus ojos vuelven a pasar los sentimientos de vergüenza, perplejidad e incomprensión.

Verdaderamente Hurí no podía entender porqué su iglesia no sólo no la socorría sino que la agredía. Tras el escupitajo todas abandonaron la iglesia y marcharon a la Plaza de Mayo; para Hurí sería su primera plaza pero no su última iglesia.

El año 1979 fue un año de marcados avances y retrocesos, el espacio de Plaza de Mayo fue prácticamente abandonado después de la represión del último jueves de 1978, con la detención de varias Madres, la Plaza quedó cercada por la Policía y el 11 de enero decidieron replegarse un tiempo para reorganizarse y sumar fuerzas, el lugar de repliegue serán las iglesias. El horario permanecerá inamovible los jueves a las 15:30 hs.

Pero también en octubre de 1979 el Papa exhortó a los Obispos argentinos que “se hicieran eco del angustioso problema de las personas desaparecidas en esa querida nación, pues dañan el corazón de muchas familias y parientes”. Si bien los obispos argentinos hicieron caso omiso del mensaje papal; este dotó a las Madres de una herramienta discursiva potente, a partir de allí todos los documentos, petitorios y solicitadas invocarán esas únicas palabras de Juan Pablo II. A pesar de que la jerarquía católica local permaneció impertérrita ante las declaraciones papales, estas hicieron sentir a las Madres más cerca de la “verdadera iglesia” y se multiplicaron sus actividades religiosas. Además estas declaraciones habilitaron a varios sacerdotes disidentes a abrir las puertas de sus iglesias a las Madres o a ir más allá como Miguel Hesaine, Obispo de Viedma quien escribió en diciembre de 1979 a la Conferencia Episcopal : “Sabemos que las FFAA han torturado y hecho desaparecer a nuestros hermanos e hijos en la Fe.”

Las Madres considerarán como victorias cada una de las declaraciones producidas o arrancadas a miembros del clero, seguras de que su apoyo era indispensable para su causa insistirán por ese camino.

El repliegue del espacio público de la Plaza de Mayo en 1979, no impidió avances en otros aspectos, las presiones internacionales de las que ellas eran impulsoras lograron que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos visitara el país y Madres de Plaza de Mayo se convirtió ese año en una asociación civil, mediante un trámite realizado en la ciudad de La Plata en la escribanía de Emilio Ogando. El acta constitutiva de la asociación civil “Madres de Plaza de Mayo”, tiene una extensión poco mayor a una carilla y define el objetivo central del grupo: saber donde están sus hijos: -¿Puede haber una súplica más elemental, más correcta, más humana, más cristiana?- También expresa que: Creyentes o no, adherimos a los principios de la moral judeo -cristiana. Rechazamos la injusticia, la opresión, la tortura, el asesinato, los secuestros, los arrestos sin proceso, las detenciones seguidas de desapariciones, la persecución por motivos religiosos, raciales, ideológicos o políticos”.

El contenido del documento es claro y valiente, sin duda el más valiente en los tiempos que corrían, pero me detendré aquí en las referencias y apelaciones de carácter religioso: La súplica es Cristiana y el concepto está equiparado al de humanidad, pero es probable que la inclusión del mismo en un documento trascendente y fundacional haya producido observaciones por algunas de sus integrantes que “creyentes o no, adherimos a los principios de la moral judeo-cristiana”, la comisión directiva que suscribió el documento estaba integrada por algunas madres pertenecientes a la comunidad judía como Renée Slotopolsky de Epelbaum. El tono de pluralidad de credos puede tener inspiración en grupos cercanos a las Madres como el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos y algunos testimonios coinciden en señalar la asesoría de Emilio Mignone en la conformación de la asociación civil.

Mignone era un intelectual católico, padre de una desaparecida y marido de Chela una de las Madres del grupo, pertenecía al Movimiento Ecuménico y más tarde fundó el CELS, en su casa de la Av. Santa Fe se llevaron a cabo reuniones decisivas para las Madres en los primeros años.

En cuanto al tono ecuménico del acta fundacional es excepcional, puesto que en los escritos, solicitadas y discursos producidos con menos elaboración y mayor urgencia, este tono es abandonado y reemplazado por otro decididamente cristiano y directamente católico.

La nominación de Adolfo Pérez Esquivel al Premio Nobel de la Paz en 1980, pone en evidencia la complejidad que el tema religioso tiene más allá de la connivencia de la mayoría de la jerarquía católica con el terrorismo de estado. Pérez Esquivel era un hombre de militancia cristiana y su vinculación con los movimientos de Derechos Humanos fue a través de la Asamblea Permanente y de la organización que él representaba en Argentina: el Servicio de Paz y Justicia. Para las Madres era un “asesor espiritual”, con ellas organizó encuentros como el seminario “Evangelio y dignidad humana” y es quien las bautizó Madres Coraje en contraposición al Madres Locas que los militares preferían. Un grupo de Madres acompañó a Pérez Esquivel a Europa a recibir el Premio, su presencia en ese escenario y las palabras de Pérez Esquivel en relación a los desaparecidos desde la tribuna del Nobel; significaron para las Madres un paso más en su lucha por hacer conocer sus demandas y “hacerse ver” como forma de garantizar su propia integridad.

Pérez Esquivel fue agasajado, a su retorno, por las Madres con una misa en una Iglesia del barrio El Dique de Ensenada. El evento fue organizado por Hebe de Bonafini ya que esta era la parroquia en la que por esos días su hija Alejandra cursaba el catecismo y donde seguramente también habían tomado la comunión sus hijos desaparecidos.

La lucha por conseguir apoyos del extranjero y alguna repercusión en los medios de comunicación, permitió a las Madres recuperar paulatinamente y luego en forma definitiva el espacio de la Plaza de Mayo. El jueves 30 de abril de 1981, decidieron realizar una ronda significativa en la Plaza por cumplirse los cuatro años de la existencia del grupo; la presencia de personalidades locales y extranjeras, que las Madres habían logrado convocar en sus cuatro años de trabajo, impidió que el dispositivo policial de represión actúe como en ocasiones anteriores.

El espacio Plaza fue así recuperado, pero el espacio templo seguía resultando fundamental

El Ayuno en la catedral de Quilmes.

La complementariedad y tensión, entre la Plaza y la Iglesia, tendrán sus días decisivos entre el 10 y el 22 de diciembre de 1981. En esas jornadas las Madres llevarán a cabo dos actividades de espectacular impacto: una ronda de 24 horas alrededor de la Pirámide de Mayo, es decir la Primera Marcha de la Resistencia e inmediatamente y en forma sorpresiva el inicio de un ayuno y oración en la Catedral de Quilmes exigiendo al gobierno alguna respuesta a sus demandas antes de la Navidad.

El análisis de los sucesos de Quilmes en 1981, aporta un despliegue de recursos y discursos por parte de la Madres, reveladores del complejo entramado religioso, cultural y político que forma parte de su identidad.

En primer lugar el ayuno se había decidido secretamente y hasta momentos antes de concretarlo sólo lo conocía la Comisión Directiva de la Asociación. El plan consistía en que un grupo de Madres se apostara sin aviso previo en la Catedral de Quilmes y una vez allí llamara la atención mediante comunicados producidos desde la misma iglesia a las autoridades locales y extranjeras y a la prensa. Sin duda lograron también llamar la atención de los servicios de inteligencia policiales, ya que en los Archivos de la DIPBA se halla un pormenorizado seguimiento del ayuno con detallados datos y fuerte preocupación por sus consecuencias.

Si bien la elección de la diócesis de Monseñor Novak correspondía a cierto compromiso de este Obispo con la causa de los Derechos Humanos, Novak no fue consultado ni avisado de esta acción, dado que ante otros intentos de acciones similares el permiso siempre fue denegado. Esta forma de acción directa estaba fundada en objetivos bastante explícitos, presentes en todas las acciones anteriores de las Madres: hacerse visibles e insoslayables para la Iglesia y la prensa, dos sectores adversos, pero potencialmente útiles para lograr que el gobierno y la sociedad prestaran atención a su demanda: saber dónde estaban sus hijos.

La Primera Marcha de la Resistencia, demuestra la aparición de nuevas y exitosas performances, pero en el ayuno se combinan la desafiante actitud y determinación para enfrentar a los poderes más temibles, como la puesta en práctica de formas rituales y discursivas inscriptas en sus propias trayectorias. La huelga de hambre y la oración, no es por tanto sólo un recurso oportunista para desnudar la fuerte vinculación entre un estado terrorista declaradamente católico y una iglesia fuertemente comprometida con éste. Es también el despliegue de repertorios posibles, creencias y hasta disputas por espacios como la plaza y la parroquia: el Estado y la Iglesia, cuya conducción coyuntural no enfrentaba a las madres sino parcialmente con sus “falsos representantes.”

Adelina Demati de Alaye, escribió el 26 de diciembre de 1981 su propio registro de los hechos que protagonizó : “Después de la Jornada de resistencia de 24 hs. (desde las 15:30 del 10/12 hasta las 15:30 del 11/12) en que caminamos permanentemente y culminamos desfilando por el medio de la Avenida de Mayo, desde la Plaza hasta la Nueve de Julio, y en que por primera vez fuimos aplaudidas, acompañadas en nuestros gritos de libertad por todos y saludadas por las bocinas de los tacheros; los milicos creían que nos íbamos a calmar por un largo tiempo. No era así .Estaba organizada en el mayor secreto una huelga de hambre que se largaría en tres etapas; la primera a partir de ese día 10 en Neuquen (que se realizó), el día 12 entraría el Servicio de Paz y Justicia (Pérez Esquivel) y el 13 las 6 Madres designadas, y una vez dado a publicidad esto se incorporarían cuantas quisieran. El lugar era la sede del Servicio. El día 10 desisten de su propósito por razones confusas, el pretexto que el comunicado inicial de Neuquén era muy fuerte.

Es entonces que se toma la decisión que sólo conocían Hebe y Nora, ir a la catedral de Quilmes..”

El registro de Adelina es un dato significativo de los cambios acaecidos en la sociedad ya para fines de 1981. Es interesante también tomar en cuenta la denominación que inicialmente otorga al evento, se trata de una huelga de hambre y no de un ayuno y su lugar sería la sede del Servicio de Paz y Justicia, pero inesperadamente los planes cambian y una vez más deben improvisar sobre la marcha. Es así como Hebe de Bonafini y Nora Cortiñas reelaboran el plan ahora sin ningún apoyo ni conocimiento por parte de otros organismos. El 12 de diciembre de 1981 a las seis de la tarde quince personas se reunieron en la plaza de Quilmes.

Pocas sabían exactamente los próximos pasos: seis madres entrarían a la Catedral dispuestas a quedarse anunciando un ayuno a través de un comunicado a la prensa y al párroco que se lanzaría antes de la misa de las 19 hs. “El proyecto debió hacerse tan secretamente para evitar se abortara como había ocurrido con otros”. Las seis madres eran : Hebe de Bonafini, Nora de Cortiñas, Laureana de Rivelli, Nélida de Chidichimo, Adelina de Alaye, Dora de Perez , quienes poco antes de la misa se hicieron presentes en la catedral portando alguna almohada y los mínimos enceres para poder permanecer allí.

La reacción del párroco a cargo fue lapidaria. Amenazó con hacerlas sacar con la policía, mientras que el resto de las madres que quedaron fuera del ayuno se dedicaban a localizar a Monseñor Novak, entrada la noche pudieron hacerlo y si bien mostró total desacuerdo con la actitud de las Madres, prometió no hacerlas sacar por la fuerza, ya que estas habían manifestado que sólo a la rastra lograrían moverlas. Muros adentro y cerca de la medianoche, se presentó ante las ayunantes el padre José Andrés vicario de Paz y Justicia de la diócesis, quien trató de persuadir a las Madres de que depusieran su actitud si verdaderamente apreciaban al Obispo, ya que le estaban acarreando un grave problema.

Si bien nunca las Madres habían obtenido aprobación para llevar a cabo una acción semejante, en este caso tanto Monseñor Novak, como Adolfo Pérez Esquivel, encontraban el momento particularmente inoportuno ya que el obispado estaba comprometido y en la mira del gobierno por su participación en las tomas de tierras que organizadamente llevaban a cabo por esos días miles de familias en Quilmes. En la conversación las Madres adujeron que hacía cinco años que le solicitaban este permiso al Obispo y les era denegado y que tal vez este no era el momento social o político, pero “sí era el momento religioso, ya que en el tiempo de adviento de Jesús nos ofrece Fe, Esperanza y Reconciliación.”

La persuasión no fue el único método utilizado por la comunidad religiosa para sacar a las madres de allí. El párroco Isidoro Psenda mantuvo su hostilidad inicial y aprovechó cada misa para arengar sobre la presencia de estas mujeres “que no se sabe qué es lo que quieren” y que “mejor empiecen a rezar”. Les fueron cerrados los sanitarios y, poco a poco, la comunicación con el exterior, aunque sí entraron varias veces policías de civil, exhibiendo armas, y servicios de inteligencia, uno de ellos encubierto como periodista del diario Clarín .

Al grupo de las seis Madres iniciales, se les sumó la presencia del sacerdote de la Parroquia de Nueva Pompeya Antonio Puigiané, también se incorporaron otras cuatro Madres, pero, el párroco les advirtió que si se incorporaban más definitivamente las expulsarían. En el Consejo Diocesano de la Catedral, había posiciones matizadas, desde quienes reconocieron la validez del reclamo de las Madres, aunque no su forma, hasta quien ofreció al Consejo la posibilidad de sacarlas sin responsabilidad para nadie y terminar así con el problema. Esto último fue interpretado por las ayunantes como una clara posibilidad de seguir el destino de sus hijos.

Durante los días del ayuno, la Iglesia Católica se expresó de manera multifacética a través de sus hombres; el Obispo Novak, finalmente, jamás tomó contacto directo con las Madres Ayunantes en su Catedral, su emisario fue el padre José Andrés quien presionó para que se retirasen argumentado su desacuerdo con la estrategia y el momento elegidos. En la misma línea fueron presionadas por Adolfo Pérez Esquivel, quien si bien tampoco se hizo presente envió a su hijo Leonardo para instarlas a abandonar la Catedral. El Párroco Isidoro Psenda fue quien a diario estuvo en el templo celebrando las misas y otras actividades y quien se mostró abiertamente hostil aprovechando cada sermón para predisponer a la feligresía contra las Madres y con un discurso alineado al sentido común del gobierno militar. En contrapartida el padre Puigiané, autorizado por Novak para acompañar a las Madres fue para ellas un fuerte pilar espiritual. Por su parte las Madres habían enviado telegramas explicando las razones de su Ayuno al Papa, al Nuncio Apostólico y a la Conferencia Episcopal.

La Junta de Comandantes y organismos internacionales de Derechos Humanos también recibieron telegramas informando de los propósitos del ayuno: en todos los casos se exigía una respuesta al gobierno argentino respecto a la situación de los desaparecidos y se insistía en la proximidad de la Navidad como momento para que miles de familias pudieran encontrar en esa respuesta la paz perdida desde la desaparición de sus hijos.

Las fuertes restricciones al ingreso de periodistas a la Catedral, no impidió que la noticia estuviera presente en páginas interiores de medios nacionales como La Razón, La Nación y Diario Popular, también fue recogida por el diario El Día de La Plata y llamó particularmente la atención del diario El Sol de Quilmes que lo mantuvo en primera plana varios días.

De todos modos las Madres evaluaron la repercusión en los medios locales como insuficiente a causa del cerco que las separaba de la prensa. A nivel internacional las adhesiones fueron múltiples desde diversas organizaciones. Una de las demostraciones de apoyo más concretas fue la visita realizada al ayuno por dirigentes de la Multipartidaria, pertenecientes al Partido Demócrata Cristiano, la Confederación y el Partido Socialista, el Peronismo Intransigente y el Partido Intransigente; entre ellos estuvieron Néstor Vicente; Augusto Conte; Nilda Garré, Ricardo Molina y Simón Lázara.

El cansancio físico, las presiones y la falta de respuestas, se sumaron a la falta de apoyo de la Diócesis de Quilmes e hicieron que las Madres decidieran terminar con la medida el 22 de diciembre a las 18 30 hs. Lo anunciaron en su noveno comunicado del día 21: “Las Madres de Plaza de Mayo seguras de que Dios que juzga con rectitud, ha tenido en cuenta la sinceridad de nuestro esfuerzo y sabrá beneficiar a nuestros hijos y a todos los “detenidos-desaparecidos”- viendo la absoluta indiferencia, de las autoridades que someten a nuestro país. La aparente decisión de la Jerarquía Católica Argentina, de no acceder a nuestro pedido de ayuda inmediata. Que la Iglesia de Quilmes, con profunda desilusión de nuestra parte, ha dado más importancia a una transgresión legal que a la hondura y urgencia de nuestro drama. Que la constante agresión, del Párroco de la Catedral, Isidoro Psenda y su Consejo Pastoral va creciendo y nos amenaza con imprevisibles consecuencias(…) Sólo fue un esfuerzo más en nuestro doloroso peregrinar de años…tras una respuesta verdadera, que no llega. Dios hará justicia.” El comunicado está escrito en manuscrita y lleva la firma de Nora Cortiñas y Hebe de Bonafini. En él una nueva decepción con la Iglesia es evidente, pero la fe, parece ser aún un elemento central del discurso.

Tal como lo habían prometido el 22 de diciembre el ayuno de Quilmes concluyó, en la plaza frente a la Catedral más de trecientas personas las aguardaban. Entre abrazos emocionados entonaron una canción que todas conocían: “Unidos al Señor/No nos moverán/Como un árbol plantado junto al río/No nos moverán/Unidos a Jesús/Unidos Al Espíritu…/Unidos a María…/Unidos a los pobres…/Unidos a las madres…/Unidos a los chicos…/ Unidos como hermanos… /No nos moverán.”

La Primera Marcha de la Resistencia y el Ayuno de la Catedral de Quilmes, son parte de un mismo y renovado impulso de las Madres de Plazo de Mayo por conseguir hacer visibles y efectivos sus reclamos por la aparición con vida de sus hijos. Diciembre de 1981 marcó también una transición compleja en cuanto a sus formas de lucha, a su repertorio discursivo y a sus estrategias.

El mismo día que el ayuno concluía, Leopoldo Fortunato Galtieri asumía la Presidencia de la Nación; este hecho gravitó pesadamente sobre la suerte del ayuno; muchos sectores de la dirigencia política e incluso de los organismos de Derechos Humanos, evaluaron imprudente presionar sobre el internamente debilitado gobierno del General Viola, quien se había mostrado más dispuesto a dialogar con los partidos políticos. Las Madres en cambio sabían que en su intransigencia residía su única fuerza.

La guerra de Malvinas dejará lugar a un nuevo escenario de transición hacia la democracia, donde la Madres encontrarán nuevas estrategias y lenguajes en las que el tono religioso parece eclipsarse. La fuerza e intransigencia de su lucha se mantendrá inconmovible.


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